El derecho a disidir. Más democracia.

 

 

Llevamos cerca de dos años hablando sobre el derecho a decidir de las personas, de las naciones sin estado, de los estados, de todos. La verdad es que es un tema del que mucho se ha hablado, pero algunos acontecimientos que veo que suceden últimamente me han llevado a plantearme hablar de otro derecho, el derecho a disidir.

Viendo como se mueve la sociedad y sobretodo la política, vengo observando desde hace un tiempo que pese a que existe cada vez más una tendencia individualista y a crearse cada uno su propia opinión, esta no se sustenta sobre bases de democracia pura, y por tanto no se tolera demasiado bien por los diferentes grupos de opinión o pertinencia (políticos, religiosos o dogmáticos, etc) que alguien perteneciente a esos grupos piense distinto a la opinión reinante, es decir, sea disidente. Intentaré poner diversos ejemplos.

Uno, muy fácil y actual, es el de la votación del próximo día 16 en el Parlament donde algunos diputados del PSC, y yo creo que incluso alguno del PP, querrían votar distinto que lo que ha decidido el partido de forma mayoritaria. En el caso del PSC, ha llevado a la amenaza de la dirección del Partido a la expulsión si se produce la disidencia, una disidencia que por otra parte, tiene una presencia real entre los votantes y militantes del PSC por más que no se le quiera permitir la visibilidad en una votación en el Parlament. ¿Acierto o error de la dirección no aceptar la representación de los disidentes?

Otro ejemplo donde se pretende criminalizar la disidencia es en el famoso caso del Barrio del Gamonal, de Burgos, donde un gran número de vecinos está en contra de la reurbanización de una Avenida de su barrio, y el alcalde de la ciudad pretende imponerla bajo el amparo democrático de que ha ganado unas elecciones y por tanto tiene el apoyo mayoritario de los burgaleses (a su criterio). En cambio, no cesan las protestas cada vez más multitudinarias. ¿Está legitimado el alcalde para imponer su proyecto o debe anularlo por la presión popular?

Otro ejemplo también es el de la nueva Ley del Aborto, donde con la excusa de que lo llevaban en el programa, pretenden colarnos con su mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados una Ley más retrograda que la de hace 30 años. Incluso miembros del PP han pedido la votación secreta cuando deba aprobarse en el Congreso, para poder ser disidentes sin que se les señale como no obedientes a las directrices de su partido. ¿Dejará el gobierno que las votaciones sobre consciencia sean secretas?

Y el colmo de la criminalización de la disidencia es la ley de seguridad ciudadana que nos pretende colar el Ministro del Interior, para impedirnos el derecho a manifestarnos y a disidir de las políticas de nuestros gobernantes, y que nos llevará a ser uno de los estados más represivos de Europa. ¿Por que no podemos protestas si algo no nos gusta?

Esta claro que el funcionamiento de la democracia en España (y por consecuencia en Catalunya) dista mucho de un sistema donde se llega a ser representante de los ciudadanos por méritos propios, dado que se votan listas cerradas que previamente ha elaborado una Comisión de listas cerradas y un candidato (el único que se expone de verdad). Seguramente un sistema de listas abiertas, donde cada diputado y o diputada se tuviera que ganar su elección, y de este modo después poder tener cierta libertad de movimientos dado que la representatividad se la dan los ciudadanos no sólo de ley, si no también de facto, sería mucho más democrático de lo que es ahora.

A la vez, mientras no se modifican las leyes electorales para hacer la democracia más cercana a la ciudadanía, y que los electos no deban su elección a la dirección de su partido, si no a los ciudadanos, tenemos un elemento muy poco utilizado pero muy útil, que es la consulta. Consultas no sólo para saber si queremos ser independientes o no, si no también para saber si aceptamos la propuesta de reurbanización de nuestro barrio, si queremos o no queremos una Ley de aborto más restrictiva, etc.

En definitiva, la mayoría de la población de hoy ya se ha educado en democracia, y ya no necesita tanto paternalismo de aquellos que creen que saben que es lo mejor para los demás. Tenemos ganas de decidir más cosas y no sólo una alternancia de gobiernos oligárquicos cada cuatro años. Tenemos ganas de más democracia.

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